Cosas raras
OPINIÓN

Respeto
Por: Juan Martínez Martínez
Respeto para con las mil quinientas estudiantes y la rectora del colegio Leonardo Da Vinci, paciencia para con ellas y los demás compatriotas que están tras nosotros en la marcha social, cariño hacia quienes discriminan de buena fé, abrazo a la nación atrasada, demagógica, hermosa y sangrante. Amor por Colombia como es, tan lerda, torpe y nuestra

Las estudiantes del colegio Da Vinci no son iguales a usted y a mi, pero eso no las hace menos. Nuestra condición de personas inteligentes, correctas y saludables no legitima ninguna agresión, verbal o púramente metafísica, que contra ellas pudiéramos permitirnos.

Pese al terrible riesgo de estar proponiendo pavadas de magnitud tan monumental como que existe el pecado de pensamiento [decir "pecado" y sentir como una cosquilla de mediocridad aquí en la barriga es todo una sola cosa], me atrevo a decir que las estudiantes manizalitas no merecen ni siquiera que sintamos lástima por ellas cuando en las noticias cuentan sobre su manifestación contra sus dos compañeras que fueron re-admitidas en su colegio después de ser expulsadas por lesbianas.

Tampoco lo merece la rectora del colegio, una señora de la que no habíamos sabido nada que fuera medianamente reprochable. Segúramente una pedagoga de primera línea, a la que le tocó enfrentar un problema para el que, tal vez, la vida no la había preparado. Quizá la opinión pública no se equivoca cuando propone que su mala forma de manejar el asunto debe costarle el cargo. Son cosas que suceden, y que de la rectoría del colegio se encargue una persona, no mejor preparada que Doña Magolita pero sí más capaz de manejar de forma inteligente un mayor número de situaciones, no nos haría exactamente daño.

Y es que no podemos olvidar que los homofóbicos también son gente. Son estudiantes de colegio, como las del Leonardo Da Vinci o como las del colegio al que fuimos usted o yo. Son madres, padres de familia, gente que paga impuestos. Que toma desiciones políticas ora erradas, ora acertadas, pero siempre con la mejor de las intenciones, igual que usted, los uribistas o yo. Son tías que quieren a sus sobrinos, compañeros de clase que ayudan a sus condiscípulos. Ciudadanos de nuestro país, y gente que merece nuestra comprensión y respeto.

El hecho de que usted y yo no discriminemos a algunos sectores de la población colombiana por su color, su proveniencia, su escogencia sexual, sus inclinaciones farmacológicas o sus ideas no nos da derecho a menospreciar al grueso de la gente. Esa masa que hace que Colombia sea un país del tercer mundo, es nuestra masa, y el deber de aprender a quererla con un cariño paciente y sabio es nuestro también.

La población homofóbica Colombiana merece ser comprendida y tolerada hasta que desaparezca en el vacío lógico de la maduración social.

De hecho, si se me permite esbozar una teoría un tris más arriesgada, creo que tenemos, usted y yo, como personas tolerantes de educación e inteligencia privilegiadas, el deber, no moral sino sentimental, de hacer de aquellos que se enfrentan aun con las limitaciones de su crianza, su convicción o su cultura nuestros hermanos, nuestros compañeros en la aventura [no siempre agradable y de hecho casi nunca] que es hacer patria.

Respeto para con las mil quinientas estudiantes y la rectora del colegio Leonardo Da Vinci, paciencia para con ellas y los demás compatriotas que están tras nosotros en la marcha social, cariño hacia quienes discriminan de buena fé, abrazo a la nación atrasada, demagógica, hermosa y sangrante. Amor por Colombia como es, tan lerda, torpe y nuestra.


Si desea hacer comentarios escriba a: director@periodicoelcompas.info


periodico bucaramanga colombia